La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que la planta de amoniaco de Topolobampo, Sinaloa, no ha sido cancelada, pero tampoco hay decisión definitiva. Greenpeace protestó en el Zócalo contra el proyecto de Grupo Proman, que produciría 2,200 toneladas diarias. El gobierno realiza consultas comunitarias mientras revisa impactos ambientales y contaminación en la laguna de Ohuira.

CDMX — La planta de amoniaco de Topolobampo se ha convertido en el termómetro de la política ambiental de la presidenta Claudia Sheinbaum. Desde Palacio Nacional, la mandataria confirmó que el proyecto impulsado por Grupo Proman —a través de Gas y Petroquímica de Occidente— no ha sido cancelado, pero tampoco tiene un futuro asegurado. A un costado del asta bandera del Zócalo, los activistas de Greenpeace colgaron una manta que lo resume en tres palabras: "Presidenta: proteja Topolobampo".

El proyecto, que comenzó durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, tiene un avance importante, según reconoció la propia presidenta. Sin embargo, las inconformidades surgidas posteriormente obligaron al gobierno federal a abrir un proceso de consultas y asambleas con las comunidades de la región. "La planta sigue, no se ha cancelado", dijo Sheinbaum, "pero hay consulta a todas las comunidades por todos los planteamientos que tienen y se está trabajando con todas, una a una".

El corazón del conflicto está en la Bahía de Ohuira, un cuerpo de agua que ya arrastra problemas de contaminación histórica. La planta tendría capacidad para producir 2 mil 200 toneladas métricas de amoniaco al día, un insumo clave para la agricultura de Sinaloa, pero también una fuente potencial de riesgos ambientales. Greenpeace y el Colectivo ¡Aquí No! advierten sobre impactos en los ecosistemas costeros, en las especies marinas y en la salud de las comunidades que habitan los alrededores.

La protesta del lunes en el Zócalo no fue un acto menor. Más de 20 activistas escalaron el asta bandera de aproximadamente 100 metros de altura para desplegar mensajes dirigidos a la presidenta. La acción, que movilizó a bomberos y al Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas, pudo haber derivado en sanciones administrativas, incluido un arresto de hasta cuatro años por el uso del lábaro patrio. Pero la visibilidad que logró la protesta puso el tema de Topolobampo en la primera plana de la agenda nacional.

La postura del gobierno federal es, por ahora, de equilibrio inestable. Sheinbaum explicó que se revisan los compromisos que la empresa adquirió con las comunidades —algunos de los cuales, según los reclamos, no se habrían cumplido—, así como la situación ambiental de la zona y la validez de los estudios de impacto ambiental. "Hasta que se termine esto, pues no se toma una decisión", afirmó. Pero el tiempo corre: la planta ya tiene un avance importante y cada día que pasa acerca la obra a una conclusión irreversible.

Topolobampo es, en esencia, el mismo dilema que ha atravesado todo el expediente de Vida y Ecosistemas en México: el desarrollo económico contra la protección ambiental, la promesa de empleo contra el riesgo de contaminación, la voz de las comunidades contra el peso de las inversiones. Greenpeace lo llevó al asta bandera más alto del país, y la presidenta lo puso en la mesa de diálogo. Pero mientras las consultas avanzan, la planta sigue en pie, y la bahía de Ohuira espera una decisión que podría definir el futuro de sus aguas y de las comunidades que viven a su alrededor.

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