Octavio Romero Oropeza, director del Infonavit y exdirector de Pemex, confirmó poseer una casa, dos departamentos, un predio rústico, dos terrenos y 7.4 millones de pesos en cuentas bancarias. Argumentó que los bienes son antiguos, que compró terrenos en Tabasco en "viejos pesos" y que el Infonavit no está sujeto a Declaranet.
CDMX — Octavio Romero Oropeza salió a defenderse antes de que alguien lo acusara formalmente. En una carta dirigida a la opinión pública, el director del Infonavit y exdirector de Pemex confirmó que posee una casa habitación, dos departamentos, un predio rústico y dos terrenos, además de 7.4 millones de pesos en cuentas bancarias. Lo hizo, según su propio texto, para aclarar lo que ya estaba en su declaración patrimonial, pero también para cuestionar la interpretación que se ha hecho de sus bienes, en particular de dos terrenos en Tabasco, que según él fueron adquiridos en "viejos pesos". La aclaración de Romero Oropeza no es un reconocimiento de irregularidad, pero tampoco responde a la pregunta de fondo: si su patrimonio es tan antiguo y su salario es de 2.2 millones de pesos anuales, ¿por qué necesita salir a explicarlo?
El funcionario reconoció que en 2025 percibió un salario bruto anual de 2 millones 261 mil 994 pesos, tal como lo declaró. En su carta, señaló que esa remuneración es inferior a la de la presidenta Claudia Sheinbaum, cuyo ingreso bruto anual es de 2 millones 302 mil 152 pesos. Es una comparación que, más que defenderlo, expone la lógica con la que se mide el servicio público: no se trata de cuánto gana en relación con otro, sino de si su patrimonio es consistente con lo que ha ganado a lo largo de su vida. La diferencia de 40 mil pesos con la presidenta no explica la posesión de seis inmuebles ni los 7.4 millones en cuentas bancarias. Tampoco la explica el argumento de que "en su mayoría" los bienes los tiene desde hace décadas, sin precisar cuáles, cuándo los adquirió ni con qué recursos.
El punto más delicado de su defensa es el jurídico. Romero Oropeza sostuvo que, conforme a la Ley del Infonavit, las declaraciones patrimoniales se presentan entre mayo y junio de cada año, y que, por ser de una naturaleza jurídica distinta a las dependencias federales, no le aplica la Ley General de Responsabilidades Administrativas. Es decir, sus declaraciones no se incorporan al sistema Declaranet, sino que se hacen públicas en el portal del Instituto. Esa distinción es formalmente correcta, pero también es una zona gris: al no estar sujeto al mismo régimen de fiscalización que el resto del gabinete, el patrimonio de Romero Oropeza queda fuera del escrutinio automatizado y de las alertas que el sistema Declaranet podría generar. La transparencia, en su caso, depende de que alguien entre al portal del Infonavit y compare manualmente sus bienes con sus ingresos. Eso no es transparencia proactiva; es transparencia a demanda.
Romero Oropeza no está acusado de ningún delito. Su carta no admite irregularidades ni ocultamiento. Pero llega en un momento en el que el gobierno de la Cuarta Transformación ha hecho de la austeridad y la honestidad su bandera, y en el que otros funcionarios —como la secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora— han sido exhibidos por lujos que no coinciden con sus declaraciones. En ese contexto, la aclaración de Romero Oropeza no cierra el debate, lo abre. Si sus bienes son antiguos, si los terrenos los compró en viejos pesos, si su salario es menor al de la presidenta, nada de eso explica por qué un funcionario que presume de austeridad necesita salir a explicar su patrimonio. La explicación no es un delito, pero la necesidad de darla sí es un síntoma.


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