Rusia protestó ante Japón por los ejercicios militares Orient Shield, previstos del 8 al 24 de septiembre en territorio japonés, con 3,700 efectivos de Japón, Australia y Estados Unidos y el despliegue de sistemas Typhon, que Moscú considera una amenaza.

VLADIVOSTOK. — Rusia elevó la tensión diplomática con Japón al presentar una protesta formal por los ejercicios militares conjuntos Orient Shield, que involucrarán a Japón, Australia y Estados Unidos entre el 8 y el 24 de septiembre. Moscú cuestiona especialmente el despliegue de sistemas estadounidenses Typhon en territorio japonés.

De acuerdo con la información difundida sobre las maniobras, participarán alrededor de 3,700 efectivos, lo que las convertiría en las mayores de este tipo hasta ahora. Por primera vez, los ejercicios contemplarán el empleo de sistemas Typhon de alcance medio, capaces de lanzar misiles de crucero SM-6 y Tomahawk. La actividad tendrá lugar en regiones japonesas próximas al Extremo Oriente ruso.

Maria Zakharova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, afirmó en Vladivostok que Moscú comunicó su rechazo a la embajada japonesa en Moscú. “Se informó claramente a la parte japonesa de que la actividad militar provocadora cerca de las fronteras del extremo oriental de nuestro país es categóricamente inaceptable”, declaró.

La funcionaria sostuvo además que el despliegue de los sistemas Typhon constituye una amenaza para la seguridad rusa, incluso si ocurre bajo el argumento de ejercicios militares. Moscú advirtió sobre la posibilidad de adoptar “contramedidas compensatorias” para mantener un nivel que considere adecuado de seguridad nacional, mientras Zakharova reclamó que Japón recupere una política de pacifismo.

El antecedente inmediato se remonta a junio, cuando el ejército estadounidense trasladó un sistema Typhon a la prefectura de Kagoshima para ejercicios con las Fuerzas de Autodefensa de Japón. Según la información citada, los sistemas participarían nuevamente en las maniobras de septiembre antes de ser trasladados a una base militar estadounidense en Japón a mediados de octubre.

Las protestas ocurren además en medio de un nuevo deterioro de las relaciones entre Moscú y Tokio por una disputa territorial. La visita del presidente ruso Vladimir Putin a una isla bajo control de Rusia provocó el rechazo de la primera ministra japonesa Sanae Takaichi, quien calificó el viaje de “absolutamente inaceptable”. Moscú respondió convocando al embajador japonés y cuestionando declaraciones consideradas antirrusas.

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