La Presidenta Claudia Sheinbaum presentó un informe optimista con datos selectivos. La informalidad alcanza 56.2%, el empleo formal cae 1.5%, la inversión privada se contrae 1.9% y el déficit presupuestario crece 19.5%. La "primavera laboral" no aparece en los datos.
Mexconomy — El Segundo Informe de Gobierno, presentado el 1 de septiembre de 2026 por la Presidenta Claudia Sheinbaum, pintó un panorama de estabilidad y avance: crecimiento del PIB, récord de inversión extranjera, balanza comercial positiva y una supuesta "primavera laboral" con 60 millones de personas ocupadas y salario mínimo en aumento. Las cifras que menciona el discurso son técnicamente correctas, pero su selectividad convierte al informe en un ejercicio de propaganda más que de rendición de cuentas. Lo que el discurso no dijo es tan revelador como lo que dijo. La economía mexicana no está en una primavera laboral; está en una pausa invernal donde el consumo sostiene la demanda mientras la inversión se contrae, el empleo formal cae y la precariedad laboral alcanza niveles récord.
La principal omisión del informe es la calidad del empleo. Es cierto que 60.8 millones de personas están ocupadas, pero el 56.2% de ellas trabaja en la informalidad, sin acceso a seguridad social ni prestaciones, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de julio de 2026. Además, el 38.9% de los trabajadores se encuentra en condiciones críticas de ocupación, lo que significa que 23.6 millones de personas ganan menos de un salario mínimo, trabajan menos de 35 horas semanales por razones ajenas a su voluntad, o laboran más de 48 horas con ingresos insuficientes. Mientras el discurso celebra el aumento del salario mínimo, omite que la mayoría de los trabajadores (45.9%) gana hasta un salario mínimo, y que el empleo formal en los sectores productivos —construcción, manufacturas, comercio y servicios privados— se contrajo 1.5% anual en junio, según el Índice Global de Personal Ocupado (IGPOSE). La "primavera laboral" no llega a los 34 millones de trabajadores informales ni a los 24 millones que viven en la precariedad.
El informe tampoco menciona la caída de la inversión, el verdadero motor del crecimiento a largo plazo. La formación bruta de capital fijo, que mide la inversión en maquinaria, equipo y construcción, cayó a 21.2% del PIB en el primer trimestre de 2026, su nivel más bajo desde 2021. La inversión privada acumula una contracción de -1.9% en el periodo enero-mayo, y la inversión en maquinaria y equipo de origen nacional cayó -7.7% anual en mayo, según el Indicador Mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo (IMFBCF). La construcción residencial, que es un termómetro de la confianza de los hogares, se desplomó -5.4% anual. El discurso celebró la Inversión Extranjera Directa récord (35 mil millones de dólares esperados en 2026), pero omitió que la inversión total está en retroceso. Una economía que no invierte no crece, y México está descapitalizándose mientras el consumo —que representa el 81.5% del PIB— sostiene artificialmente la demanda.
Las finanzas públicas son otro silencio ensordecedor. El déficit presupuestario del sector público creció 19.5% real en el primer semestre de 2026, alcanzando 578,901 millones de pesos, según la Secretaría de Hacienda. El balance primario, que excluye el pago de intereses, cayó 51.3% en el mismo periodo. La recaudación del Impuesto sobre la Renta (ISR) —el principal impuesto federal— se redujo 6.2% real anual, mientras que los ingresos tributarios totales apenas crecieron 0.4% real. El gobierno está gastando más en programas sociales (el gasto en desarrollo social creció 9.7% real), pero lo financia con deuda, no con una recaudación sólida. La deuda pública se mantiene en 51% del PIB, pero el saldo nominal crece, y si el crecimiento económico se desacelera, la sostenibilidad fiscal se pondrá en duda. El discurso no mencionó el déficit, ni la caída del ISR, ni la fragilidad de las finanzas públicas.
La dependencia externa y la desaceleración del crecimiento también fueron omitidas. El PIB real creció 2.1% anual en el segundo trimestre, pero el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) de junio mostró una caída mensual de -0.1%, lo que sugiere que el impulso se está agotando. Las exportaciones a Estados Unidos representan el 84.5% de las ventas no petroleras, una dependencia que el discurso no aborda. El superávit comercial acumulado (9,255 mdd) fue mencionado, pero no el déficit de 848 mdd que se registró en julio, rompiendo la racha de superávits. La economía mexicana sigue atada a la demanda estadounidense y a la importación de insumos: las importaciones de bienes intermedios crecieron 56.3% anual en julio, reflejando una dependencia estructural que limita el valor agregado local. El discurso habló de soberanía energética, pero omitió la fragilidad del sector externo y la desaceleración que ya se perfila en el segundo semestre.
El Segundo Informe de Gobierno es un ejercicio de comunicación política que utiliza datos reales de manera selectiva. Las cifras que menciona son correctas, pero su interpretación es sesgada y omite los problemas estructurales que el expediente documenta: la precariedad laboral, la caída de la inversión, el déficit fiscal y la desaceleración económica. La "primavera laboral" no existe en los datos; existe un otoño laboral para millones de trabajadores informales y precarios. La economía no está en un "rumbo firme"; está en una pausa, sostenida por el consumo y el gasto público, pero con una inversión que se contrae y un empleo formal que no despega. El informe es más propaganda que rendición de cuentas, y su mayor virtud es haber puesto sobre la mesa la necesidad de un debate honesto sobre el rumbo económico de México.


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