La presidenta Claudia Sheinbaum acusó al director de la DEA, Terry Cole, de buscar "debilitar y dividir" a su gobierno tras la advertencia de que altos funcionarios mexicanos protegen al CJNG. En lugar de investigar el fondo de la acusación, la mandataria calificó las declaraciones como "injerencia" y las vinculó con las elecciones intermedias de Estados Unidos. La respuesta replica la lógica de AMLO: descalificar al emisor para no abordar la evidencia.
CDMX — La presidenta Claudia Sheinbaum lanzó este miércoles una acusación directa contra el director de la Administración para el Control de Drogas (DEA), Terry Cole, al afirmar que sus declaraciones sobre funcionarios mexicanos que protegen al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) buscan "debilitar" y "dividir" a su gobierno. "Ellos buscan de una u otra manera debilitar a los Gobiernos independientes que defendemos la soberanía", declaró en su conferencia mañanera, un día después de presentar su Segundo Informe de Gobierno. Sheinbaum no anunció investigaciones ni deslindes; en su lugar, descalificó al emisor y calificó la advertencia como una táctica de "injerencia".
— Este reportaje es parte del expediente NARCUS. —
La acusación de Sheinbaum se produce después de que Terry Cole declarara el 23 de agosto que "altos funcionarios mexicanos que han dado protección al CJNG forman parte de la lista prioritaria de la agencia" y que "hace dos semanas advertimos a esos mismos funcionarios gubernamentales que actualmente trabajan con el CJNG". La mandataria no respondió al contenido de la advertencia, sino que la descalificó como una estrategia de división: "Dividirnos internamente es una de sus estrategias, no de ahora, de siempre, generar divisiones al interior del Gabinete federal son tácticas que usan ellos de injerencia", sostuvo.
La presidenta también vinculó las declaraciones de Cole con las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos, otro recurso retórico que desvía la atención del problema de fondo. "Usan muchas veces a México como parte de su elección", afirmó. Es la misma lógica de AMLO: la denuncia y la sospecha como escudo, la evidencia como un problema secundario. Sheinbaum replica la narrativa del orquestador: cualquier crítica externa es una intervención, cualquier advertencia es una táctica de división. Pero la realidad es que la DEA tiene información y está construyendo expedientes. La simulación de Sheinbaum no detendrá la presión de Washington.
La presidenta insistió en la unidad de su Gabinete de Seguridad, afirmando que la DEA "se topa con pared" porque hay "una coordinación y una unidad enorme" entre las instituciones. Sin embargo, el expediente NARCUS documenta fracturas reales: el blindaje de Omar García Harfuch por parte de la DEA frente a la presión de AMLO para removerlo, y la tensión entre la presidenta y el orquestador. Mientras Sheinbaum defiende la unidad, los hechos muestran que Washington tiene capacidad de incidir en la dinámica interna del gobierno mexicano. La DEA blindó a Harfuch y lo colocó como el interlocutor privilegiado de EE.UU., un movimiento que Sheinbaum no menciona al hablar de "soberanía".
La acusación de Sheinbaum contra el director de la DEA es un acto de defensa política que busca contener el daño causado por la advertencia de Cole. Pero la mandataria no dice si su gobierno investigará a los funcionarios que, según la DEA, protegen al CJNG. No dice si hay procesos abiertos en México contra ellos. No dice si su gobierno cooperará con la DEA para desmantelar esa red de protección. La simulación de la 4T —ocultar la evidencia, descalificar al emisor y construir una narrativa de soberanía— choca con la práctica de una cooperación operativa que su propio gobierno ha profundizado. México ha entregado 92 objetivos criminales a EE.UU., ha aceptado la presencia de la CIA en su territorio y ha blindado a su secretario de Seguridad como interlocutor de Washington..


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