El alcalde Pepe Chedraui supervisó trabajos de bacheo en la calle 33 Poniente, en la colonia La Noria, como parte de la estrategia "Bacheando Puebla". El gobierno municipal presenta la supervisión como acción permanente para mejorar vialidades. No se informa cuántos baches se repararon, cuántos quedan pendientes ni cuánto costó la jornada.

PUEBLA, PUE. — El presidente municipal, Pepe Chedraui, supervisó los trabajos de bacheo realizados en la calle 33 Poniente, entre privada Citlaltépetl y 21 Sur, en la colonia La Noria. El recorrido, según el gobierno municipal, forma parte de las acciones permanentes para mejorar las condiciones de las vialidades y fortalecer la movilidad en distintos puntos de la ciudad. Durante su visita, el alcalde constató el avance de las cuadrillas que contribuyen a mantener calles en mejores condiciones.

La escena merece una pausa. Las calles de Puebla son un desastre. Supervisar es mirar. Constatar es verificar con la vista. El gobierno municipal no informa cuántos baches se reparan por día, cuántos quedan pendientes en cada colonia, cuántos metros cuadrados se intervinieron ni cuánto costó la jornada. Tampoco dice si la calle 33 Poniente volverá a agrietarse con las próximas lluvias o si el trabajo incluyó una reparación de fondo —subrasante, base hidráulica— o solo un parche superficial. Lo que el gobierno publicita es que el alcalde estuvo ahí. Y que las cuadrillas trabajan.

El bacheo es, por definición, una política reactiva. Se bachea lo que ya se rompió. No se previene, no se planifica, no se reconstruye la red vial con criterios de largo plazo. La estrategia se llama "Bacheando Puebla", un gerundio que describe una acción continua y, al mismo tiempo, una condena: mientras haya baches, habrá bacheo. Y mientras haya bacheo, habrá supervisión. Y mientras haya supervisión, habrá foto de Chedraui. El ciclo se repite, pero el pavimento sigue deteriorándose al mismo ritmo o más rápido de lo que se repara.

La supervisión como acto de gobierno tiene una larga tradición en la política poblana. Los funcionarios recorren obras, saludan a los trabajadores, se toman fotografías con cascos y chalecos. Es una coreografía que se repite en cada administración, en cada nivel de gobierno, en cada temporada de lluvias. El mensaje implícito es: "aquí estoy, atendiendo el problema". El mensaje explícito, en cambio, es más modesto: "se están realizando trabajos". La distancia entre uno y otro es la distancia entre la imagen y el dato.

La colonia La Noria, como muchas otras de la capital, enfrenta un problema que no se resuelve con cuadrillas de bacheo: la falta de mantenimiento preventivo, el crecimiento urbano sin planeación, el tráfico pesado que destruye el asfalto, las lluvias que filtran agua en las grietas. El bacheo es un paliativo. Necesario, sin duda. Pero paliativo. Y presentarlo como "acción permanente para el bienestar de las familias poblanas" es confundir el alivio con la solución.

El recorrido del alcalde por la calle 33 Poniente es, en el fondo, una metáfora de la política municipal: se supervisa lo que se hace, se presume lo que se supervisa, y se omite lo que no se mide. El bache reparado es un dato visible. El bache que volverá a aparecer en tres meses, en cambio, no aparece en ningún boletín.

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