El gobierno estatal, a través de Gaby "La Bonita" Sánchez y el programa "Por Amor a Puebla", entregó 800 tinacos a familias de la capital y estímulos económicos a 11 deportistas que competirán en Brasil y China. La jornada, presentada como bienestar y respaldo al talento, deja abierta la pregunta sobre el alcance real de una política asistencial que atiende a cuentagotas.

PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — Ochocientos tinacos. Once deportistas. Un programa llamado "Por Amor a Puebla". La escena ocurrió en la capital del estado, con la secretaria de Deporte y Juventud, Gaby "La Bonita" Sánchez, como maestra de ceremonias, y el respaldo del gobernador Alejandro Armenta Mier. El evento político se presenta como una jornada de bienestar y respaldo al talento poblano. La pregunta que flota en el aire, como el agua que los tinacos almacenarán, es si esta forma de hacer política resuelve problemas o solo los administra.

Los tinacos son un objeto revelador. Almacenan agua, es decir, suplen una carencia. Si una familia recibe un tinaco, es porque el suministro de agua en su hogar es insuficiente, intermitente o inexistente. El tinaco no resuelve la falta de agua: la palia. No arregla la red hidráulica, no mejora la presión, no garantiza el servicio. Solo permite que la familia acumule el líquido cuando llega, para cuando no llegue. Es un parche doméstico a un problema estructural. Y presentarlo como "fortalecimiento de las condiciones de vida" es confundir el alivio con la solución.

Los estímulos a deportistas siguen una lógica similar. Once atletas reciben apoyo económico para competir en Brasil y China. Es una buena noticia para ellos, sin duda. Pero once deportistas en un estado de más de seis millones de habitantes revelan una política deportiva de alcance mínimo. No hay mención a programas de formación, a infraestructura deportiva, a becas permanentes o a apoyo a ligas juveniles. El estímulo es puntual, discrecional y mediático. Los deportistas que no aparecen en la foto, los que no ganaron una competencia o no tienen padrinos políticos, no reciben nada. El talento, en este esquema, no se cultiva: se premia cuando ya brilló.

"La bonita" Sánchez afirmó que "cuando se trabaja en equipo, los resultados llegan a las familias y a nuestros atletas". La frase, leída con calma, no dice nada. ¿Qué equipo? ¿Qué resultados? ¿Cuántas familias esperan su turno? ¿Cuántos deportistas quedaron fuera? No ofrece cifras de cobertura, no menciona presupuesto, no explica los criterios de selección de los beneficiarios. Tampoco dice si los 800 tinacos forman parte de una meta mayor o si son una entrega simbólica dentro de un universo de necesidades mucho más amplio.

El programa se llama "Por Amor a Puebla". La expresión es significativa: apela a un sentimiento, no a un derecho. El agua no es un asunto de amor, es un asunto de infraestructura y de gestión pública. El deporte no es un asunto de amor, es un asunto de política pública, de presupuesto y de planeación. Cuando el Estado recurre al amor como categoría de gobierno, suele ser porque no quiere hablar de dinero, de obligaciones ni de derechos exigibles. La caridad, incluso cuando se disfraza de amor, sigue siendo caridad.

La jornada tuvo su momento culminante cuando una beneficiaria, en representación de las familias, agradeció al gobernador y a la secretaria por el respaldo a cinco atletas y un entrenador que competirán en China. El agradecimiento es el género literario favorito de la asistencia social: siempre hay alguien que agradece, siempre hay alguien que entrega, y nunca hay un sistema que garantice que el apoyo llegue a quien lo necesita sin necesidad de intermediarios, padrinos o cámaras. El tinaco y el estímulo son, en el fondo, la misma cosa: una dádiva que se otorga desde arriba y se recibe con gratitud desde abajo.

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