El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó ante la Asamblea General de la ONU que México es "el epicentro de la violencia de los cárteles" y lo instó a "reclamar el control de su suelo a los enemigos de la humanidad". Anunció que los cárteles fueron designados Organizaciones Terroristas Extranjeras y que su gobierno ha destruido el 97% de las drogas que llegan por mar, además de eliminar al líder del Tren de Aragua.
NACIONES UNIDAS. Región Global — El discurso del presidente estadounidense ante la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas estuvo marcado por un mensaje de fuerza y soberanía que tuvo a México en el centro de la escena. Donald Trump afirmó que el territorio mexicano se ha convertido en el "epicentro de la violencia de los cárteles" y sostuvo que Estados Unidos no puede aceptar que en su frontera exista un territorio bajo el control de organizaciones que considera adversarias. "Por lo tanto, México debe reclamar el control de su suelo a los enemigos de la humanidad", declaró el mandatario, calificando a los grupos criminales como "el ISIS del hemisferio occidental" y afirmando que, al igual que el grupo terrorista, "deben ser asesinados, exiliados o detenidos como combatientes enemigos sin posibilidad de liberación".
La acusación no fue un pronunciamiento aislado. Trump aprovechó el foro multilateral para detallar las acciones que su gobierno ha emprendido contra el crimen organizado. Recordó que, al asumir el cargo, designó a los cárteles como Organizaciones Terroristas Extranjeras y desplegó a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para "eliminarlos". En ese marco, aseguró que su administración ha llevado a cabo "decenas de ataques" contra embarcaciones que transportaban drogas, destruyendo el 97 por ciento de los narcóticos que llegan por mar, y anunció que hace tres meses fue eliminado el líder de la organización venezolana Tren de Aragua. Estas declaraciones se producen en un contexto de creciente tensión bilateral, donde la cooperación en materia de seguridad ha sido un punto de fricción constante entre ambos gobiernos.
El discurso de Trump también abordó otros frentes de su política exterior. Afirmó que Estados Unidos es "más fuerte que nunca" y que, "mientras otros hablaban", su gobierno actuaba. En materia de seguridad global, reiteró su postura contra Irán, a la que calificó como "el principal patrocinador del terrorismo" y advirtió que jamás permitirá que Teherán obtenga un arma nuclear. Sobre Cuba, anunció que "la libertad llegará a Cuba y la seguridad llegará a México", vinculando ambos países en una misma narrativa de confrontación contra el comunismo y el crimen organizado. También rechazó cualquier intento de construir un "esquema globalista de control" sobre la inteligencia artificial, a la que denominó oficialmente "Súper Inteligencia", y criticó duramente a la ONU por lo que consideró una atención desproporcionada a Estados Unidos en materia de derechos humanos mientras ignora "las atrocidades de los regímenes más represivos del mundo".
La acusación contra México coloca al gobierno de Claudia Sheinbaum ante un nuevo escenario de presión diplomática. Las declaraciones de Trump en la ONU no son un hecho aislado, sino la continuación de una retórica que ha tensado la relación bilateral en materia de seguridad. La afirmación de que México debe "reclamar el control de su suelo" implica un cuestionamiento directo a la capacidad del Estado mexicano para ejercer soberanía en su propio territorio, un tema que ha sido históricamente sensible en la relación entre ambos países. El discurso también deja entrever que la designación de los cárteles como organizaciones terroristas extranjeras no es solo un gesto simbólico, sino un marco jurídico que Estados Unidos podría utilizar para justificar acciones militares unilaterales en territorio mexicano, una posibilidad que el gobierno mexicano ha rechazado en repetidas ocasiones.
El pronunciamiento de Trump ante la ONU tendrá consecuencias en la agenda bilateral. La presidenta Sheinbaum deberá definir una postura clara ante lo que constituye una intromisión en asuntos de soberanía nacional. El discurso del mandatario estadounidense no solo acusa a México de ser el epicentro de la violencia, sino que también sugiere que su gobierno está dispuesto a actuar militarmente contra los cárteles, incluso si eso implica operar en territorio mexicano sin el consentimiento del Estado. La respuesta del gobierno mexicano será crucial para determinar si esta nueva embestida retórica se traduce en una crisis diplomática abierta o en un nuevo capítulo de negociación tensa pero contenida. Lo que queda claro es que la relación entre México y Estados Unidos ha entrado en una fase de incertidumbre que exige una diplomacia firme y una defensa clara de la soberanía nacional.


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