El expresidente Andrés Manuel López Obrador acusa en su libro Pueblo al Departamento de Justicia de pactar con los hijos de El Chapo el traslado clandestino de Ismael El Mayo Zambada a EE.UU. en 2024. La operación, denuncia, desató una guerra en Sinaloa con más de mil 100 asesinatos.
REGIÓN GLOBAL — La versión que el expresidente Andrés Manuel López Obrador construyó durante años desde la investidura quedó ahora por escrito en su libro Pueblo: el operativo que sacó a Ismael Mario Zambada García de México el 25 de julio de 2024 no fue una acción de inteligencia fallida ni una entrega voluntaria, sino un pacto clandestino entre el Departamento de Justicia de Estados Unidos y los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán Loera. Desde esa lectura, el traslado de El Mayo a territorio estadounidense fue el detonante directo de la confrontación criminal que, sostiene, dejó alrededor de mil 100 asesinatos en Sinaloa en un año.
El exmandatario relata que interrogó a la Guardia Nacional, a la Fiscalía General de la República y a las Fuerzas Armadas para saber si habían participado en la operación. Todas, escribe, respondieron negativamente. Ante ese vacío, pidió al entonces fiscal general Alejandro Gertz Manero iniciar una investigación y establecer comunicación con las autoridades estadounidenses para esclarecer lo ocurrido. En el libro reproduce el reporte que, según él, le entregó el entonces embajador Ken Salazar: el 27 de julio de 2024 Washington informó por escrito que había sido notificado previamente de que Joaquín Guzmán López consideraba rendirse. El documento añade que el 25 de julio, a las 10:30 horas, las autoridades estadounidenses supieron que Guzmán López se entregaría y entraría a su país en un vuelo privado; a las 14:40 horas, cuando el avión ya estaba en el aire, recibieron información de que Zambada podría estar también en la aeronave.
El relato presidencial fija horas y una geografía precisa: el avión aterrizó a las 16:24 horas en Santa Teresa, Nuevo México, cerca de El Paso, Texas, donde se constató que Guzmán López y Zambada eran los dos pasajeros y eran esperados por agentes del gobierno estadounidense. López Obrador acusa además que funcionarios de la FGR acudieron después al aeropuerto para inspeccionar la aeronave y obtener información del FBI, pero esa agencia se negó a proporcionar datos, entre ellos la identidad del piloto. Señala que los agentes estadounidenses reconocieron que ese mismo 25 de julio se concedió al piloto una solicitud para ser deportado voluntariamente a México.
“De manera irresponsable el Departamento de Justicia y las agencias de ese país pactaron, en forma clandestina y extraterritorial, con los hijos de Joaquín Guzmán Loera para secuestrar y trasladar en un avión particular al territorio estadounidense a Ismael Mario Zambada García, líder de una fracción del Cártel de Sinaloa”, denunció el tabasqueño. “Este arreglo y la operación ejecutada constituyó un prepotente proceder injerencista”, reprochó. En su lectura, la operación fue interpretada como una traición dentro del mundo criminal y desató un enfrentamiento entre bandas. Antes de la operación, asegura, en Sinaloa se registraba un promedio de 1.3 homicidios diarios, cifra que aumentó a 4.3 por día.
López Obrador sostiene que el presidente Joe Biden no tuvo conocimiento previo de la operación y compara el episodio con la actuación de la DEA en el caso del exsecretario de la Defensa Salvador Cienfuegos. “Estoy seguro de que el presidente Biden ni siquiera se enteró de esta operación irresponsable, igual que cuando la DEA, en represalia, fabricó el expediente en contra del general Salvador Cienfuegos, secretario de Defensa del presidente Peña, sin notificarle al presidente Trump”, afirmó. Relata también que Biden le envió después una carta para celebrar la operación contra Zambada, pero asegura que decidió no responderla. “Aunque después buscando corregir el garrafal error que nos obligó a pausar las relaciones con Estados Unidos, el presidente Biden me envió una carta, seguramente escrita por sus colaboradores, celebrando el operativo que se había consumado al detener a tan peligroso narcotraficante, pero expreso que dicha carta no tuvo contestación”, escribió.
El exmandatario expone tres razones para explicar su postura frente a la operación. La primera es humanitaria: “si nuestras fuerzas de seguridad, el Ejército o la Marina, hubieran llevado a cabo la detención de Zambada, no hubiese habido tal cantidad de pérdidas de vidas humanas, así como trastornos y daños en Sinaloa y el país, entre otras razones, porque se hubiese evitado la odiosa venganza”. La segunda es de soberanía: “por la falta de respeto a nuestra soberanía”. La tercera cuestiona la estrategia de decapitar organizaciones criminales como mecanismo para enfrentar el consumo de drogas en Estados Unidos: “no creo, aunque muchos piensen distinto, que, descabezando, atrapando o eliminando a un líder de una banda por temido o famoso que sea, se pueda resolver el gravísimo problema de la epidemia de consumo de drogas en Estados Unidos”.
Las revelaciones del libro Pueblo se suman a un expediente que en las últimas semanas acumuló señalamientos sobre Andy López Beltrán, hijo del expresidente, por presuntos vínculos con el crimen organizado y el huachicol, revelados por The New York Times el 30 de septiembre de 2026. La versión de López Obrador sobre el caso Zambada no es un episodio aislado: es la pieza que articula su defensa política frente a las acusaciones que hoy alcanzan a su familia y a su gobierno.
— Este reportaje es parte del expediente NARCUS. —
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