La presidenta municipal de Zacatlán, Beatriz Sánchez Galindo, enfrenta una guerra interna en Morena: su síndico Juan Carlos Lastiri Yamal busca arrebatarle la candidatura, su esposo José Luis Márquez Martínez —presintiendo que Bety no logrará la reelección— lo felicita en público, y un movimiento ciudadano le grita "no a lo mismo".
ZACATLÁN, PUEBLA. — Beatriz Sánchez Galindo, conocida en Zacatlán como Bety Sánchez, llegó a la presidencia municipal con el respaldo de una estructura familiar que parecía sólida. Su esposo, José Luis Márquez Martínez, había sido presidente municipal antes que ella. Juntos construyeron un proyecto que, en apariencia, continuaría con la reelección de Bety. Pero la política, como siempre, tiene otras intenciones. Hoy, la presidenta de Zacatlán enfrenta una guerra interna en Morena que amenaza con dinamitar su reelección, y el primer golpe no vino de la oposición, sino de su propio síndico, Juan Carlos Lastiri Yamal, quien ha levantado la mano para disputarle la candidatura mientras su padre, Juan Carlos Lastiri Quirós, hace todo lo posible porque así sea: sonríe, pero prácticamente le tuerce el brazo a Alejandro Armenta.
La disputa no es menor. Zacatlán, el Pueblo Mágico de las Manzanas, es uno de los municipios más emblemáticos de la Sierra Norte de Puebla, y su control político tiene un valor simbólico y territorial que Morena no está dispuesto a ceder. Bety Sánchez busca la reelección, pero su síndico, Juan Carlos Lastiri Yamal, quiere arrebatarle la candidatura. La pugna se ha vuelto tan pública que ya se habla de "guerra guinda" en el municipio. Y en medio de esa guerra, un detalle ha encendido todas las alarmas: José Luis Márquez Martínez, el esposo de Bety, felicitó públicamente a Lastiri Yamal, el hombre que busca desbancar a su esposa. "Aunque en casa están peleados, en la foto salen sonriendo", dicen en el pueblo. José Luis Márquez no quiere líos con el padre de Lastiri Yamal, Juan Carlos Lastiri Quirós, y ve como una posibilidad real que a Bety no le sea aceptada la reelección. La frase es un resumen perfecto de la complejidad de las relaciones políticas en Zacatlán: la familia y el poder no siempre caminan juntos.
El síndico Lastiri Yamal no es un adversario cualquiera. Es hijo de Juan Carlos Lastiri Quirós, ex subsecretario federal señalado en la investigación de la Estafa Maestra, uno de los escándalos de corrupción más grandes del país. Ese vínculo es un lastre que podría afectar sus aspiraciones si la oposición decide utilizarlo en su contra. Pero por ahora, Lastiri Yamal parece decidido a jugar sus cartas dentro de Morena, y su condición de síndico en funciones le otorga una plataforma desde la cual operar. La pregunta es si el partido permitirá que un perfil con ese apellido y ese prontuario familiar llegue a la boleta, o si la dirigencia estatal intervendrá para evitar un escándalo en una plaza tan simbólica.
Mientras la disputa entre Bety y Lastiri Yamal se cocina a fuego lento, un movimiento ciudadano ha comenzado a circular en Zacatlán —con la firma Lastiri— con un mensaje que no deja lugar a dudas: "Zacatlán necesita avanzar, no podemos estancarnos dando vueltas en el mismo lugar. Es momento de romper el ciclo y escribir una historia diferente. ¡Di no a repetir lo mismo de siempre!" El mensaje es una clara referencia a la reelección de Bety Sánchez, y quien está detrás sugiere que hay un sector de la población que ya se cansó de la dinastía Márquez-Sánchez. La presidenta municipal, que llegó al cargo como esposa del exalcalde, ahora enfrenta el costo de ser percibida como la continuidad de un proyecto familiar que ya no convence.
La irrupción del PT en el escenario local hace al proceso municipal interesante. Eybar Márquez Manzano, coordinador municipal del Partido del Trabajo, ha marcado distancia de cualquier alianza partidista y ha apostado por "la gente de Zacatlán". Su postura sugiere que el PT buscará un perfil propio en la región, sin subordinarse a Morena ni a la familia Márquez-Sánchez. Si el PT logra capitalizar el descontento ciudadano, podría convertirse en un factor decisivo en la elección, especialmente si la guerra interna de Morena termina fracturando el voto guinda. La presidenta Bety Sánchez, mientras tanto, observa cómo su propio partido se desangra y cómo su esposo felicita a su rival. La política, en Zacatlán, ha dejado de ser un asunto de familia para convertirse en una guerra de todos contra todos.
El futuro de Bety Sánchez en Zacatlán depende de su capacidad para contener la rebelión interna, neutralizar al síndico Lastiri Yamal y convencer a los ciudadanos de que la reelección no es sinónimo de estancamiento. Pero el camino está lleno de obstáculos: la felicitación de su esposo al rival, el movimiento que le grita "no a repetir lo mismo", la sombra de la Estafa Maestra sobre el apellido Lastiri y la irrupción del PT como tercera vía. La presidenta municipal, que alguna vez fue la continuidad natural de un proyecto familiar, ahora es una actora política que debe pelear por su supervivencia. Y en esa pelea, no puede confiar ni en su propio esposo.


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