El relleno sanitario de Atlangatepec dejará de recibir residuos de manera definitiva el 31 de octubre, informó Pedro Aquino Alvarado, titular de la SMA. El gobierno estatal trabaja con los 60 ayuntamientos para definir alternativas, como recicladoras, rellenos privados en otros estados y nuevas empresas. Tlaxcala podría enfrentar una crisis por acumulación de basura.

TLAXCALA. — El relleno sanitario de Atlangatepec, la principal infraestructura de disposición final de residuos en Tlaxcala, cerrará de manera definitiva este 31 de octubre y dejará de recibir basura, según informó Pedro Aquino Alvarado, titular de la Secretaría de Medio Ambiente del estado. Ante el cierre, el gobierno estatal trabaja con los 60 ayuntamientos para establecer alternativas que permitan garantizar la disposición final de los desechos y evitar una crisis sanitaria y ambiental en una entidad que ya ha enfrentado episodios de acumulación de basura en el pasado.

Entre las opciones planteadas por la dependencia estatal están la contratación de empresas recicladoras, el traslado de los residuos a rellenos sanitarios privados de otros estados y la facilitación de la instalación de nuevas empresas dedicadas al manejo de desechos. Sin embargo, ante la falta de alternativas sustentables y soluciones concretas, Tlaxcala podría enfrentar nuevamente una crisis por la acumulación de basura, como ya ha ocurrido anteriormente, con el consecuente riesgo para la salud pública y el medio ambiente.

La Secretaría de Medio Ambiente, encabezada por Pedro Aquino Alvarado, recomendó utilizar instalaciones ubicadas en Puebla, Veracruz, Hidalgo y Tlaxcala. Entre ellas se encuentran Chiltepeque, Los Colorines, El Huixmí, San José Chiapa, Las Lajas y Xotla, sitios que deberán ser evaluados por cada municipio según su ubicación, presupuesto y necesidades, con el acompañamiento del gobierno estatal. La decisión de cada ayuntamiento será determinante para evitar que la basura se acumule en las calles y en los espacios públicos, un escenario que ya se ha vivido en la entidad y que dejó en evidencia la fragilidad de la infraestructura ambiental.

El cierre de Atlangatepec plantea un desafío de coordinación entre el gobierno estatal y los municipios, en un contexto donde la gestión de residuos es una responsabilidad compartida que requiere planeación, inversión y voluntad política. La falta de un relleno sanitario propio obligará a los ayuntamientos a destinar recursos adicionales al traslado de la basura a otras entidades, lo que podría incrementar los costos operativos y generar conflictos por la recepción de residuos foráneos en los estados vecinos. La instalación de nuevas empresas de manejo de desechos, otra de las alternativas planteadas, requiere de tiempos y trámites que no se compadecen con la urgencia del cierre.

El caso de Tlaxcala se suma a una serie de crisis de servicios públicos que han golpeado a distintas entidades del país, como la contaminación del agua en Guadalajara, los adeudos del sector salud en Chihuahua y la falta de infraestructura para atender emergencias en Baja California y Tabasco. En todos los casos, la ciudadanía enfrenta las consecuencias de la falta de planeación y de inversión en infraestructura básica, mientras los gobiernos buscan respuestas que, en muchas ocasiones, llegan tarde o se limitan a paliativos temporales. En Tlaxcala, el cierre de Atlangatepec es una oportunidad para repensar la gestión de residuos desde una perspectiva sustentable, pero también un riesgo de que la basura se convierta, una vez más, en un problema sin solución para los municipios y sus habitantes.

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