El sábado 17 de octubre, Gabriela "La Bonita" Sánchez Saavedra caminó de El Gallito al Zócalo de Puebla para registrarse como aspirante a la Coordinación Municipal de Morena. Batucada, simpatizantes, mitin. El lema: "Es tiempo de mujeres." El eslogan oficial del evento: "Por amor a Puebla."
Lo que se vio en el Zócalo fue otra cosa.
Entre los asistentes que respaldaron públicamente su registro estaban: la subsecretaria federal Celina Peña, la delegada de Bienestar Natalia Suárez del Real, la titular de Convenciones y Parques Michelle Talavera, la subsecretaria de Juventud Alexa Espidio y el ¿ex? coordinador de Imagen y Relaciones Públicas del gobierno estatal Pepe Tomé. Todos ¿ex? servidores públicos. Todos pagados con el presupuesto del gobierno del estado — el mismo que ya supera los 136 mil millones de pesos.
Ese mismo día, desde el mismo mitin, Gaby Sánchez declaró: "Nadie debe aprovecharse de un servicio o cargo público para buscar una aspiración personal, porque los cargos públicos no son para servirse del pueblo, sino para servirle al pueblo."
La contradicción no necesita análisis. Se documenta sola.
Región Global lleva meses construyendo dos hipótesis que hoy se comprobaron empíricamente en el Zócalo de Puebla.
La primera: el gran elector existe y opera. Desde junio documentamos cómo el aparato del gobierno estatal construía a Gaby Sánchez como aspirante antes de que ella dijera una sola palabra sobre sus aspiraciones y posibilidades. Las lonas en San Baltazar Campeche. Los cinco comunicados oficiales en ocho días donde ocupaba la mitad del día gubernamental fuera de su cartera. La foto con el líder de la Sección 51 del SNTE. La renuncia desde la mañanera del gobernador con boletín oficial numerado. El "te mereces un triunfo más" de Alejandro Armenta Mier. Hoy, en el Zócalo, ese aparato llegó en persona — con cargo, con sueldo y con recursos públicos — a respaldar el registro de la aspirante que el gran elector construyó.
La segunda: #EsLaBonita no es una candidatura ciudadana. Es el instrumento más eficiente disponible para que el gran elector gobierne la capital sin gobernarla formalmente. Una aspirante sin estructura propia, sin pedigrí político, sin partido conquistado — que le debe todo al aparato que la construyó — es la aspirante perfecta para quien necesita controlar el nodo presupuestal más importante del estado sin aparecer en la boleta.
Lo que hoy quedó expuesto en el Zócalo de Puebla es la distancia entre el eslogan y la realidad. "Por amor a Puebla" es la etiqueta. Lo que está adentro es otra cosa: la lucha del poder por el poder, con 136 mil millones de pesos de presupuesto estatal como combustible y servidores públicos ¿en activo? como estructura electoral.
No es "Por amor a Puebla." Es por amor al poder.

0 Comentarios