El IMSS canceló la compra de 772 máquinas de anestesia valuada en 750 millones de pesos tras detectar irregularidades en la licitación. La empresa Minaric, vinculada a Médica D, desplomó sus precios 54%. El informe trimestral confirma subejercicio del 80% en bienes muebles.

Ciudad de México | Región Global — El Instituto Mexicano del Seguro Social canceló el 1 de octubre la compra de 532 máquinas de anestesia intermedia y 240 de alta especialidad, una licitación convocada con plazos recortados el 4 de septiembre y valuada en unos 750 millones de pesos. La decisión, que el propio instituto justificó como una medida para evitar un posible daño patrimonial, dejó al descubierto una cadena de improvisaciones: un programa eliminado sin planeación, un padrón de beneficiarios que creció de golpe y una empresa que en cuestión de minutos redujo sus precios a la mitad.

La cronología es reveladora. El 3 de septiembre, el Subcomité Revisor de Convocatorias advirtió que para 2027 el Servicio Integral de Anestesia solo tendría 67.9 millones de pesos para cubrir dos de las 67 unidades médicas que hoy atiende con 1,141 millones de pesos. La premura era real. Pero la licitación se derrumbó cuando la Coordinación de Expansión de Cobertura de Salud informó que se necesitaban muchas más máquinas de las previstas, debido a la desaparición del programa que durante 46 años atendió a población sin seguridad social en zonas rurales y aisladas. Tras la eliminación de ese programa en julio de 2025, los 10.8 millones de beneficiarios se sumaron al IMSS ordinario, lo que exigía 213 máquinas adicionales de anestesia intermedia y 96 de alta especialidad. La cancelación, argumentada como una decisión para no comprar en partes, expone que nadie calculó el impacto real de eliminar el programa antes de convocar la compra.

El historial de los proveedores tampoco ayuda a la narrativa institucional. La empresa Minaric, que participó en la licitación, ofrece equipos de Médica D, una firma multada con 1.9 millones de pesos e inhabilitada por la entonces Secretaría de la Función Pública del 20 de octubre de 2020 al 20 de julio de 2024 por no entregar 60 ventiladores al ISSSTE en plena pandemia, y que ese mismo año incumplió al IMSS en Sinaloa cuando más se necesitaban esos equipos en seis hospitales. Minaric cotizó cada máquina intermedia en 1.25 millones de pesos en la investigación de mercado, ofertó 1.29 millones en la licitación y desplomó su precio a 586 mil pesos en la puja: 54% menos. En alta especialidad, la reducción fue de 1.6 millones a 715 mil pesos. Una empresa que en minutos reduce su precio a la mitad deja dos posibilidades: o su precio original estaba inflado, o el final no lo puede cumplir. Con ese antecedente, el IMSS no iba a correr el riesgo.

La testigo social de la licitación, Guadalupe Vega Ballesteros, cuestionó al instituto por falta de planeación y por haber cancelado las partidas pese a tratarse de una compra urgente. "No se identifica una explicación suficiente de cómo se ponderaron las consecuencias de cancelar la adquisición, frente a la necesidad de disponer oportunamente del equipamiento", afirmó en un informe publicado el 12 de octubre. "Esto evidencia una posible contradicción por parte de la entidad, pues por una parte justificó la reducción de plazos en la urgencia de contar con los equipos de anestesia debido a las restricciones presupuestarias para 2027 y, por otra, determinó cancelar las partidas, pese a que subsiste la necesidad de contar con dichos equipos". El informe trimestral del IMSS correspondiente al tercer trimestre de 2025 confirma el desorden: el rubro de bienes muebles, inmuebles e intangibles registró un subejercicio de 5,306 millones de pesos, equivalente a un 80% por debajo de lo programado, y el programa K 029 de adquisiciones cayó 76.8%, con equipos que serán recalendarizados para 2026. La cancelación de las máquinas de anestesia no es un hecho aislado: es la punta de un iceberg de compras que no se ejecutan, equipos que no llegan y una planeación que se hace sobre las rodillas.

El IMSS decidió no adjudicar y evitó entregar recursos públicos y la salud de millones de derechohabientes a quien ya le falló a México. Ese es el lado presentable de la historia. El otro es que la institución convocó una licitación urgente sin haber calculado el impacto de haber eliminado el programa que atendía a 10.8 millones de personas, que necesitaba 309 máquinas adicionales de las que había previsto y que ahora no tiene un plan claro para sustituir un servicio que en 2027 prácticamente no tendrá presupuesto. La cancelación evitó un daño patrimonial, pero no resolvió el problema de fondo: la anestesia en el IMSS sigue sin estar cubierta para los próximos años, y las máquinas difícilmente estarán listas antes de 2027, pues el plazo de entrega era de hasta 90 días y varias empresas pidieron hasta 150 para operar en 139 hospitales y clínicas. La pregunta que queda flotando no es quién perdió el contrato, sino quién va a responder por los pacientes que se queden sin cirugía mientras el instituto aprende cómo planificar.

Fuentes:  
IMSS, El Servicio de Anestesia en el IMSS está cubierto
Informe del Tercer Trimestre de la Situación Presupuestaria del IMSS 2025
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