"El Tanis", delegado de la AMOTAC, fue asesinado en un aparente asalto en La Hermita y el gremio respondió con bloqueos en varias regiones de Puebla. Detrás del luto hay una exigencia: que las carreteras dejen de ser territorio de nadie y el Estado responda con algo más que operativos.

PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — Las carreteras de Puebla este jueves 22 de octubre de 2026 se convirtieron en un muro de tráileres. No fue un bloqueo más. Los transportistas de la Alianza Mexicana de Organización de Transportistas A.C. (AMOTAC) salieron a cerrar el paso para despedir, a su manera, a uno de los suyos: Estanislao Hernández Lozano, conocido entre sus compañeros como “El Tanis”.

Los hechos ocurrieron la noche del miércoles 21 de octubre, minutos después de las 22:00 horas. Hernández Lozano viajaba con su hijo en una camioneta pickup blanca, de la comunidad de La Fragua rumbo a Maravillas, en el municipio de Tepeyahualco. En el paraje conocido como La Hermita, otra pickup blanca les cerró el paso. Los tripulantes bajaron armados y los encañonaron.

Según los primeros reportes, la víctima intentó resistirse. Los agresores le arrebataron las llaves y el vehículo, y le dispararon a corta distancia en repetidas ocasiones. Su hijo sobrevivió y fue quien pidió auxilio a los cuerpos de emergencia. La camioneta robada apareció horas después, abandonada a unos kilómetros del lugar. Personal de la Fiscalía General del Estado (FGE) realizó el levantamiento del cuerpo y lo trasladó al anfiteatro regional para la necropsia.

Todavía hay detalles por esclarecer, como si el disparo fue consecuencia de la resistencia o ocurrió después de consumado el despojo. Ese es precisamente el tipo de pregunta que el gremio espera ver respondida por la autoridad.

Más que un delegado

“El Tanis” no era un transportista cualquiera. Era delegado de AMOTAC en La Fragua, zona de La Hermita, y su labor consistía en representar al gremio de la región ante la organización, como enlace en los asuntos de sus agremiados. Su asesinato golpea a una estructura que sostiene la comunicación entre los transportistas de la zona y la dirigencia, y por eso la respuesta fue inmediata y colectiva.

Desde antes de las 10:00 de la mañana del jueves, unidades de carga fueron atravesadas en puntos neurálgicos:

Zona metropolitana de Puebla: la autopista México-Puebla, a la altura del puente de La María; la Vía Atlixcáyotl, en la caseta a Atlixco; la Recta a Cholula; la carretera federal Cholula-Huejotzingo; y los accesos al Periférico Ecológico.

Rutas regionales y de carga: la autopista Puebla-Orizaba, a la altura de Acatzingo, así como los tramos El Seco-Zacatepec, El Seco-Acatzingo, El Seco-Santa María y Acatzingo-Tepeaca, con cierres totales e intermitentes.

Eje sur: la autopista Cuacnopalan-Oaxaca, en la caseta de peaje de Tehuacán, donde los manifestantes permitieron el paso en lapsos de 20 a 30 minutos como medida de presión.

La Guardia Nacional y la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) mantienen presencia en los puntos más conflictivos para evitar confrontaciones. Las autoridades recomiendan no salir a carretera, extremar precauciones y utilizar vías alternas. Quienes viajen entre Atlixco y Puebla deben considerar que los cierres pueden cambiar a lo largo del día.

Lo que piden

Los voceros de AMOTAC fueron claros: no se trata de una protesta casual, sino de una respuesta a los robos, agresiones y asesinatos que el gremio enfrenta de manera cotidiana. Sus demandas son tres:

1. Esclarecimiento inmediato del homicidio y detención de los responsables materiales e intelectuales.

2. Reactivación del Operativo Enjambre y mayor coordinación con el Gobierno Federal para reforzar la vigilancia en tramos de alto riesgo.

3. Diálogo directo con el gobernador Alejandro Armenta, aprovechando su agenda de trabajo en la zona de Tehuacán, para plantearle de frente la crisis de seguridad del transporte.

Cada bloqueo tiene un costo para miles de automovilistas, comerciantes y trabajadores atrapados en filas de camiones, autobuses y vehículos particulares. Pero el gremio sostiene que el costo de no hacer nada es mayor y se paga en vidas. Cuando quienes mueven la economía sienten que la carretera es un lugar donde se puede morir por una camioneta, el cierre de una vía deja de ser un acto de presión y se convierte en un acto de supervivencia.

La pelota está ahora en la cancha del gobierno estatal y de la FGE. Detener a los responsables, explicar qué ocurrió en La Hermita y mostrar una estrategia verificable para los caminos de Puebla son las respuestas que los transportistas esperan antes de liberar las carreteras. Mientras no lleguen, el reclamo seguirá sobre el asfalto.

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