Miles de manifestantes marcharon de La Minerva a Casa Jalisco para exigir agua limpia en la Zona Metropolitana de Guadalajara. La protesta derivó en enfrentamientos con antimotines, gases lacrimógenos y siete detenidos, algunos estudiantes de la UdeG. Los manifestantes acusan a Carlos Lomelí de enviar empleados a reventar la marcha.
GUADALAJARA, JALISCO. — La indignación por el agua sucia y pestilente que llega a los hogares de la Zona Metropolitana de Guadalajara estalló este domingo en las calles. Miles de ciudadanos de todas las edades se concentraron en la Glorieta de La Minerva y marcharon rumbo a Casa Jalisco para exigir soluciones al gobierno de Pablo Lemus y al SIAPA, en una protesta que comenzó como una exigencia pacífica por un servicio básico y terminó convertida en un escenario de enfrentamiento, gases lacrimógenos y detenciones.
Al llegar a la residencia oficial, los manifestantes se encontraron con un cerco de elementos antimotines que resguardaban el inmueble. Según los reportes, algunos inconformes encapuchados derribaron las vallas que cercan Casa Jalisco, lo que desató la respuesta de las fuerzas estatales, que intentaron dispersar a la multitud con chorros de agua lanzados con mangueras y gas lacrimógeno. En respuesta, los manifestantes arrojaron agua sucia, pintura y bolsas con residuos contra los policías, en un intercambio que dejó personas heridas y una estela de tensión en el corazón de la ciudad.
Durante la movilización se observaron carteles contra la privatización del agua y mensajes que denuncian la mala calidad del suministro, un problema que afecta a colonias de toda el área metropolitana y que se ha convertido en uno de los reclamos más persistentes de la población jalisciense. La protesta también incluyó acusaciones directas contra Carlos Lomelí, a quien los manifestantes señalan de haber enviado a sus empleados a reventar la manifestación pacífica, un señalamiento que las autoridades no han confirmado ni desmentido hasta el momento.
El saldo de la jornada incluyó siete personas detenidas por elementos de la Policía Estatal de Jalisco en las inmediaciones de Casa Jalisco. De acuerdo con los reportes, algunos de los detenidos serían estudiantes de la Universidad de Guadalajara, lo que llevó a los manifestantes a exigir su liberación inmediata y a denunciar un uso desproporcionado de la fuerza por parte de las corporaciones estatales. La protesta, que había comenzado con una demanda básica —tener agua limpia en casa—, terminó entre gases, manguerazos y enfrentamientos que dejaron en evidencia la incapacidad del gobierno estatal para atender una crisis que se agrava con el paso de los días.
La crisis del agua en Guadalajara no es un fenómeno nuevo. El SIAPA ha sido señalado en repetidas ocasiones por la mala calidad del suministro, la falta de mantenimiento de la infraestructura y la corrupción en la gestión del servicio. La protesta de este domingo refleja el hartazgo de una población que ve cómo un derecho básico se convierte en un privilegio, mientras las autoridades responden con operativos policiacos en lugar de soluciones estructurales. La exigencia de agua limpia se ha convertido en un símbolo de la frustración ciudadana frente a un gobierno que, según los manifestantes, prioriza la imagen y la seguridad sobre el bienestar de la gente.
El gobierno de Pablo Lemus enfrenta ahora una doble presión: por un lado, la demanda ciudadana de soluciones a la crisis del agua; por el otro, las críticas por la respuesta policiaca que derivó en detenciones y enfrentamientos. La liberación de los siete detenidos, algunos de ellos estudiantes de la UdeG, se ha convertido en la exigencia inmediata de los manifestantes, mientras la indignación sigue creciendo y las autoridades enfrentan cada vez más presión para responder a una problemática que no admite más dilaciones. La protesta de este domingo deja una lección clara: cuando el agua que llega a los hogares es sucia y pestilente, la paciencia ciudadana también se agota.





0 Comentarios