El presidente municipal de Tehuacán, Alejandro Barroso Chávez, presentó su Segundo Informe de Bienestar y Transformación con cifras de 57 obras hidráulicas, 100% de policías certificados, más de 10 mil atenciones gratuitas de Doctor Móvil y una reducción superior al 90% de la deuda histórica del OOSAPAT, sin documento oficial que las respalde.

Tehuacán, Puebla | Región Global — Un informe de gobierno sin documento es un discurso con números, y un discurso con números no es una rendición de cuentas. El Dr. Alejandro Barroso Chávez presentó su Segundo Informe de Bienestar y Transformación como una cosecha de logros en salud, seguridad, obra y desarrollo social, pero hasta hoy no ha puesto sobre la mesa el documento oficial que permita leer, comparar y auditar esas cifras. Sin papel, la palabra del alcalde es la única fuente de su propio triunfo.

El listado es vistoso: 57 obras hidráulicas con más de 58 kilómetros de tubería para agua potable y drenaje, la certificación del 100% de los elementos policiales, más de 10 mil atenciones gratuitas a través de Doctor Móvil y la reducción superior al 90% de la deuda histórica del OOSAPAT, más acciones de prevención de enfermedades, infraestructura urbana, espacios deportivos, educación, vivienda, protección ambiental y patrimonio cultural. Lo oficial es el anuncio; lo verificable, por ahora, no existe. Una cifra que sólo se puede leer en un discurso es una cifra que se cree o no se cree, y ningún gobierno serio debería pedirle a la ciudadanía un acto de fe.

Ya antes el programa estelar de esta administración había mostrado la misma grieta: el Dr. Móvil se presumió con más de 15 mil servicios gratuitos y ahora reaparece en el informe con más de 10 mil atenciones sin costo público transparente ni métricas validadas por instancia estatal o federal. La suma de ambos datos, lejos de fortalecer el relato, lo vuelve a poner en entredicho: no hay desglose de gasto, no hay auditoría externa y no hay manera de saber si los números del informe conversan con los del programa. En teoría, la rendición de cuentas llega al Congreso del Estado a través de la Auditoría Superior del Estado de Puebla; en la práctica, al paso que trabaja esa entidad de fiscalización, habrá que esperar hasta cuatro años para conocer efectivamente qué hizo y qué no hizo el alcalde de Tehuacán. El ciudadano que hoy escucha el informe estará pagando, al mismo tiempo, la obra y la espera de la comprobación.

Un segundo informe debería ser el momento de demostrar con papeles, no de repetir con aplausos. Barroso Chávez tiene derecho a enarbolar sus obras, pero la democracia le exige algo más: entregar el documento, someterlo a comparación y aceptar que las cifras se midan contra el presupuesto. Mientras eso no ocurra, el informe queda como una fotografía sin negativo, y la fiscalización como una promesa a cuatro años de distancia. Gobernar no es anunciar: es probar. Y en Tehuacán, por ahora, el gobierno se conforma con lo primero.

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