Trump presiona a México para ampliar los acuerdos energéticos con empresas estadounidenses en plena negociación del T-MEC. La dependencia del gas importado, el futuro de Pemex y CFE y el antecedente venezolano colocan la soberanía energética en el centro de la disputa.
CDMX — Washington busca ampliar sus negocios energéticos con México mientras condiciona la relación comercial a la reducción del superávit mexicano y a compromisos en seguridad. La dependencia del gas estadounidense y el futuro de Pemex y CFE forman parte de la disputa.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presionó a su homóloga mexicana, Claudia Sheinbaum, para ampliar los acuerdos entre empresas energéticas de ambos países, en medio del estancamiento de las negociaciones comerciales y de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Según una investigación publicada el 9 de octubre por Financial Times, que cita a tres personas familiarizadas con la conversación, Trump planteó durante una llamada a mediados de septiembre la posibilidad de establecer nuevos acuerdos energéticos. De acuerdo con las fuentes, inicialmente preguntó por un convenio para vender activos mexicanos a Estados Unidos.
Los mandatarios también habrían discutido un esquema semejante al acordado por Washington y Corea del Sur, que contempla compras de productos energéticos estadounidenses por 100 mil millones de dólares, además de inversiones adicionales. Un funcionario estadounidense confirmó que se abordó la posibilidad de incrementar las compras mexicanas de gas natural.
La dimensión económica de esa propuesta es relevante: México ya depende de Estados Unidos para aproximadamente tres cuartas partes de su demanda de gas natural, según las fuentes citadas por el diario británico. Un incremento de las importaciones podría ampliar esa dependencia, aunque también respondería a las necesidades de abastecimiento del mercado mexicano.
Energía y comercio, una misma negociación
El gobierno estadounidense busca reducir el superávit comercial de México y, bajo la administración de Trump, ha utilizado los aranceles como instrumento de presión internacional. México procura obtener condiciones arancelarias favorables para sectores como el automotriz, el acero y el aluminio, mientras intenta preservar el acceso de sus exportaciones al mercado estadounidense.
La ronda formal de negociaciones prevista para septiembre en Washington fue pospuesta y posteriormente cancelada. Dos fuentes consultadas por Financial Times relacionaron el aplazamiento con las nuevas exigencias energéticas. Washington atribuyó la demora a compromisos de sus negociadores y sostuvo que ambas delegaciones mantienen conversaciones constantes.
La disputa ocurre en un sector especialmente sensible para México. La expropiación petrolera de 1938 y la creación de Petróleos Mexicanos (Pemex) consolidaron el control estatal de los hidrocarburos como parte de la identidad política nacional. Actualmente, el gobierno de Sheinbaum mantiene a Pemex y a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) como empresas dominantes, aunque explora mecanismos para atraer inversión privada.
La caída de la producción petrolera, las necesidades de infraestructura eléctrica y los problemas de abastecimiento han elevado la presión para conseguir capital y tecnología. Al mismo tiempo, la administración mexicana analiza alternativas para reducir su dependencia del gas estadounidense, incluida la posibilidad de desarrollar proyectos de extracción mediante fracturación hidráulica.
Venezuela, un antecedente estratégico
La presión sobre México coincide con el acuerdo petrolero venezolano anunciado por la Casa Blanca el 31 de agosto. Según la versión oficial estadounidense, el convenio concede derechos económicos y de gobernanza sobre una empresa petrolera privada que operará 17 campos con reservas probadas aproximadas de 65 mil millones de barriles, además de mecanismos preferentes de compra para el gobierno estadounidense.
El caso venezolano no equivale jurídicamente a una propuesta para México, pero muestra la importancia que la administración Trump concede al acceso a los recursos energéticos, la participación empresarial estadounidense y la seguridad de suministro.
La cuestión para México consiste en determinar qué acuerdos pueden contribuir a resolver sus necesidades energéticas sin comprometer innecesariamente su capacidad de decisión sobre un sector estratégico.
Estados Unidos y México mantienen una relación comercial de enorme magnitud, mientras Canadá permanece al margen de buena parte de las conversaciones bilaterales. Trump también ha vinculado la negociación comercial con las acciones mexicanas contra los cárteles del narcotráfico.
El gobierno mexicano declinó comentar la información publicada por Financial Times. Por ahora, no se ha presentado públicamente un acuerdo energético bilateral con los términos descritos por las fuentes del diario.
La negociación que sigue pendiente no se limita a los aranceles: también plantea cómo distribuir los beneficios de la integración energética y hasta dónde está dispuesto México a modificar su política para preservar las condiciones de acceso a su principal mercado.
Con información de Aime Williams y Christine Murray, “Donald Trump pressures Mexico for energy deals in crunch trade talks”, Financial Times, 9 de octubre de 2026.


0 Comentarios