
El colapso exportador de Puebla y el desplome de su actividad económica revelan una crisis estructural ignorada por el gobierno estatal. Mientras Alejandro Armenta promete una transformación discursiva, miles de empleos están en riesgo de desaparecer sin estrategia, sin diagnóstico, sin urgencia.
“El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual en general.” — Karl Marx, “Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política” (1859)
Los datos del INEGI son contundentes. En el primer trimestre de 2025, las exportaciones de Puebla se desplomaron 19% respecto al mismo periodo del año anterior, una caída sin precedentes. Esta cifra representa el nivel más bajo desde 2022 y es parte de una tendencia descendente que comenzó en 2023. Al mismo tiempo, el Índice Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) muestra una economía estancada, con tasas trimestrales y anuales que confirman el deterioro generalizado de la actividad productiva.
La razón de fondo no es coyuntural. Puebla depende de forma crítica del sector automotriz. En 2024, el 81.8% de sus exportaciones provinieron de la fabricación de equipo de transporte. Esta especialización extrema, que en otros momentos impulsó el crecimiento, hoy funciona como una trampa. Las tensiones comerciales con Estados Unidos, los cambios tecnológicos globales y la falta de diversificación han dejado a la entidad sin defensas ante el colapso de su principal motor.
Discursos hay cientos, pero desde que Alejandro Armenta asumió la gubernatura, no se ha presentado ningún plan económico real. Las propuestas de convertir a Puebla en "la capital de la electromovilidad" o de integrarse al Tren Interoceánico, por ejemplo, son declaraciones vacías, sin presupuesto asignado, sin políticas sectoriales, sin acompañamiento empresarial. No hay diagnósticos ni medidas anticíclicas. La economía de Puebla se desploma, y el gobierno de Alejandro mira hacia otro lado.
Con base en herramientas de análisis económico y proyecciones de Mexconomy, el impacto probable es claro: riesgo de pérdida de empleos, caída del consumo, debilitamiento de las finanzas estatales y una ola de incertidumbre que frena la inversión.
La proyección económica hasta 2030, considerando la caída exportadora y la inacción institucional, muestra un escenario preocupante: la economía de puebla se derrumba. Alejandro debe valorar y replantear su estrategia económica, si es que la tiene. La actividad económica no se recuperará por inercia.
Considerando al Gobierno de Miguel Barbosa - Sergio Salomón Céspedes, Puebla podría experimentar una década de estancamiento con Alejandro Armenta, arrastrando a miles de familias al desempleo y la precariedad y esto es muy serio. En términos humanos es mucho sufrimiento y deterioro individual y familiar.
Los datos de empleo del INEGI confirman el golpe: tras caer a 1.98% en 2024, la tasa de desocupación en Puebla subió a 2.86% en el primer trimestre de 2025. En medio del colapso exportador, este repunte no significa más empleos, sino más personas buscando trabajo y no encontrándolo. Es la señal clara de un mercado laboral que empieza a quebrarse.
La historia económica de Puebla está en un punto de inflexión. Si no se redefine el modelo productivo, si no se diversifica la base exportadora, si no se aplica una estrategia industrial integral, el futuro inmediato estará marcado por el deterioro continuo.
Rafael Moreno Valle fue el arquitecto de un crecimiento basado en el endeudamiento. Miguel Barbosa, el gobernador de la crisis y la corrupción. Sergio Salomón fue el mediocre gobernador del estancamiento (no se le podía pedir más). Alejandro Armenta, lejos de detonar el crecimiento, corre el riesgo de pasar a la historia como el gobernador del desempleo.
Lleva poco más de medio año en el cargo. Todavía puede salvar su historia y la de Puebla.
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